Continuamos con nuestro viaje por la Carta a los Romano, y hoy vamos a ver que nos dice la Escritura en el capítulo 6 de esta maravillosa y siempre reveladora porción de la Biblia.

Vamos a dar lectura al capítulo 6, pero vamos a iniciar leyendo primeramente el penúltimo versículo del capítulo 5, el verso 20 y continuamos leyendo a partir del verso 1 de nuestro capítulo hasta el 18.

“Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; más cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.” – Romanos 5:20

“¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2 en ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 4 porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.5 porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; 6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 7 porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. 8 y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; 9 sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. 10 porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; más en cuanto vive, para Dios vive. 11 así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.12 no reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; 13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. 14 porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.15 ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. 16 ¿No sabéis que, si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? 17 pero gracias a Dios, que, aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.” – Romanos 6:1-18

A manera de panorama general, este capítulo aborda tres temas importantes:

  • Morimos con Cristo, lo cual testificamos con la declaración pública de nuestra fe en nuestro bautismo.
  • Ahora, como justificados delante de Dios, no por la ley, sino bajo la gracia, el pecado pierde su dominio sobre nosotros.
  • No debe abusarse de la gracia.

Anteriormente, se nos habló acerca de cómo hoy, gracias a Nuestro Señor Jesucristo, estamos en la relación correcta con Dios ¿recuerda?

También se nos presentó el pecado cómo si fuera una enfermedad… una enfermedad que lleva a la muerte habrá que decirlo.

El capítulo 6 nos muestra ahora cuál es nuestra relación correcta con el pecado,

Y Pablo nos deja ver esta relación desde el inicio del capítulo, leamos nuevamente los versos 1 y 2

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2 en ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

Ahora, Pablo dice aquí “los que hemos muerto” ¿Quiénes somos los que hemos muerto?

Usted, yo y todo aquel que ha puesto su fe en el sacrificio y muerte de Cristo Jesús

La Versión Hispanoamericana dice de la siguiente forma en el versículo 2:

¡En ninguna manera! ¡Personas como nosotros, que morimos al pecado! ¿Cómo viviremos aun en él?

¿a quién se dirige entonces esta enseñanza? a PERSONAS COMO NOSOTROS

Aquí no hay opción a interpretación de la Palabra, es para usted y para mí, para todos los creyentes.

Ahora, nos centraremos en lo referente a nuestra relación con el pecado, sin restar importancia de ninguna manera a los aspectos de nuestra muerte en Cristo y demás temas que desarrolla este capítulo.

Para eso, me he tomado la libertad de conjuntar algunos versículos y darles forma como si fueran un solo texto. Y los vamos a leer así de corrido, según la versión NTV

“Ahora bien, ¿deberíamos seguir pecando para que Dios nos muestre más y más su gracia maravillosa? ¡Por supuesto que no! Nosotros hemos muerto al pecado, entonces, ¿cómo es posible que sigamos viviendo en pecado? Sabemos que nuestro antiguo ser pecaminoso fue crucificado con Cristo para que el pecado perdiera su poder en nuestra vida. Ya no somos esclavos del pecadoPues, cuando morimos con Cristo, fuimos liberados del poder del pecadoy dado que morimos con Cristo, sabemos que también viviremos con él. 11 Así también ustedes deberían considerarse muertos al poder del pecado y vivos para Dios por medio de Cristo Jesús.

12 No permitan que el pecado controle la manera en que viven; no caigan ante los deseos pecaminosos. 13 No dejen que ninguna parte de su cuerpo se convierta en un instrumento del mal para servir al pecado. 14 El pecado ya no es más su amo, porque ustedes ya no viven bajo las exigencias de la ley. En cambio, viven en la libertad de la gracia de Dios.

15 Ahora bien, ¿eso significa que podemos seguir pecando porque la gracia de Dios nos ha liberado de la ley? ¡Claro que no!  17 Antes ustedes eran esclavos del pecado pero, gracias a Dios, ahora obedecen de todo corazón la enseñanza que les hemos dado. 18 Ahora son libres de la esclavitud del pecado y se han hecho esclavos de la vida recta.” – Romanos 6:1-18(NTV)

Veamos algunas cosas que son importantes de entender, lo primero: Nuestro antiguo ser pecaminoso, nuestro viejo hombre, ha sido crucificado ¿a que se refiere esto?

En el capítulo 5, Pablo desarrolla toda una explicación acerca de nuestro ADN adánico, esa naturaleza a través de la cual el pecado entro en toda la humanidad y la confronta con la nueva naturaleza que es ahora en Cristo Jesús.

Y lo que dice aquí es que es esa vieja naturaleza, ese viejo hombre lo que es crucificado juntamente con Cristo.

¿Por qué es importante entender esto?

Porque en un momento dado, podemos leer expresiones tales como “Ya no somos esclavos del pecado”, “fuimos liberados del poder del pecado” o “el pecado ya no es más su amo” y voltear a ver nuestro día a día y pensar “entonces yo no soy una de esas personas, porque yo sigo pecando”… y tal vez pensar que hay algo mal en usted, en su vida cristiana.

Lo que debemos entender es que ya no tenemos esa naturaleza pecaminosa la cual nos hacia ver el pecado cómo algo “normal”, “natural” en nuestra vida, en pocas palabras es el reflejo de nuestra antigua manera de vivir. Ese viejo hombre, aún cuando vivo biológicamente, organicamente, estába muerto espiritualmente

Ahora, este es un hecho consumado, ese antiguo ser YA FUE crucificado para toda la humanidad; es algo así como el sacrificio de Cristo, que lo es para toda la raza humana.

Y es probable que usted ahora mismo este pensando “pues yo no lo siento muy muerto… como que sigue dando patadas de ahogado”, sin embargo, así como la justificación es algo que tomamos por fe, este hecho debe ser tomado por fe.

Lo que quiero decirle es que no podemos despertar cada día y pensar “tal vez ahora si se termine de morir mi viejo hombre”, por fe, damos por sentado que ya está muerto. Es algo que Dios hizo en la cruz.

El hecho de haber muerto al pecado es dificil de comprendar para muchos de nosotros, por cuanto la lucha con el pecado, interiormente, es una de las más constantes y conscientes experiencias del creyente. Sin embargo, no estamos muriendo al pecado por nuestras experiencias, ya morimos a él en la muerte de Cristo.

Pero entonces ¿por qué seguimos pecando?

Porque aunque federalmente, es decir por asociación con la crucifición de Cristo, esa vieja naturaleza ya está muerta, nuestra carne no.

Y justamente es “la carne” la que tiende aun al pecado.

En los versículos 12 y 13, Pablos nos hace la siguiente exhortación:

12 No permitan que el pecado controle la manera en que viven; no caigan ante los deseos pecaminosos. 13 No dejen que ninguna parte de su cuerpo se convierta en un instrumento del mal para servir al pecado.

Recordando lo que nos dijo Tirsa de que el pecado es una enfermedad, bueno, pues aquí tenemos la cura: NO PERMITAN QUE EL PECADO CONTROLE LA MANERA EN QUE VIVEN.

Así como ya fuimos hechos justos delante de Dios, pero somos llamados a procurar nuestra santidad todos los días y en todo momento, así también nuestra vieja naturaleza está muerta PARA nosotros, no EN nosotros.

La parte que nos toca es esta: NO DEJAR QUE NINGUNA PARTE DE NUESTRO CUERPO SE CONVIERTA EN INSTRUMENTO DEL MAL PARA SERVIR AL PECADO.

“Desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño.Y, en cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes.” – Efesios 4:22-23 (NTV)

Para terminar, Romanos nos enseña una y otra vez que ya no vivimos bajo la Ley, que ahora gozamos de la libertad de estar bajo la gracia de Dios, sin embargo, nos advierte:

«15 ¿eso significa que podemos seguir pecando porque la gracia de Dios nos ha liberado de la ley? ¡Claro que no! «

El Pastor Luis nos invitaba hace unos días a adquirir unos lentes con la graduación de Romanos, lentes que nos permitan ver a nuestros hermanos, y aún a nosotros mismos, cómo Dios nos ve: justos delante de Él.

Sin embargo, no podemos caer en la tentación aberrante de pensar que, si ya he sido justificado, y que en esto no tuvieron que ver nada mis obras, entonces puedo seguir haciendo lo que hacía, pensar como pensaba, actuar como actuaba.

Si bien es cierto que ya no vivimos atados al Ley, le decía hace un par de semanas, que no debemos olvidar nunca de donde fuimos tomados, no debemos olvidar todo lo que se nos perdonó, ¿para qué? para no volver a ese lugar, para estar consciente de que, si yo fui perdonado a pesar de todo, cualquiera puede serlo.

¿Cómo podemos aplicar prácticamente esta enseñanza?

En primer lugar, aceptando, si por fe, pero racional, intelectualmente, en nuestro pensamiento, que Dios crucifico mi vieja naturaleza juntamente con Cristo; tal vez no lo sienta, seguramente no lo veo…pero lo creo. (pídele a Dios que te revele esta verdad)

Segundo, aceptar que, si me descuido un poco, cuando me dé cuenta ya habré pecado. Y si bien es cierto, puedo ir a mi Padre y pedirle perdón, esto no es argumento para hacerlo de manera perseverante, como dice el verso 2 de este capítulo.

Y tercero, mantenerme firme en la Palabra de Dios, leyéndola, estudiándola, escudriñándola y viviéndola.

Se dice que mientras más cerca de Dios, más lejos del pecado, mientras más lejos de Dios, más cerca del pecado.

¿Cómo quieres vivir?

Por último, le voy a dejar una tarea… memorice, apunte en un papel y péguelo en el espejo, el refrigerador, donde sea, pero téngalo siempre a la vista… duérmase y despierte diariamente repitiendo el siguiente versículo hasta que se haga verdad en su vida.

“Con Cristo he sido crucificado, y ya no vivo yo, más Cristo vive en mi…” – Gálatas 2:20

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