
Nací en la Ciudad de México en año 1969, aunque el diablo desde entonces quiso terminar conmigo, no lo logró; más tarde en 1971 padecí una temperatura mayor a 40° que provocó que estuviera «privada» sin respirar hasta llegar al hospital, al menos 30 minutos, lapso en que recibí respiración boca a boca; a los 8 años una perra de raza gran danés, jugando conmigo me levantó por los aires y caí de nuca, pero nada me pasó; así el enemigo me ha tenido bajo ataque durante mis 50 años de vida, si no por situaciones externas, creando escenarios internos que me llevarán a desear el suicidio. Pero Dios tenía un propósito y plan para mí y nunca ha permitido que el diablo terminara conmigo.
Soy testigo de la multiforme gracia de Dios, que me ha sostenido a lo largo de mi vida, perdonándome en múltiples ocasiones mis pecados y mis yerros. He comprobado el profundo amor de Dios, al concederme las más pequeñas y más íntimas peticiones de mi corazón. He experimentado milagros, que aunque no son «mares abiertos», en mi caminar significaron eso y más. Su promesa de no desamparo, la he comprobado una y otra vez, cuando con bolsillos rotos y alacenas vacías, Él enviaba el sustento necesario para cada día, sin que hasta el día de hoy, me halla faltado nada.
Conocerlo, es lo mejor que me pudo haber pasado, pues si no hubiera sido así, seguro en una de las muchas tormentas que atravesé, hubiera sucumbido y naufragado, hacia un lugar de dónde probablemente, no hubiera regresado.
Estoy profundamente agradecida con Dios, por haberme permitido cursar el Instituto Bíblico, por mi pequeño grupo de drama, con quienes pude presentar obras de evangelismo que impactaron corazones; por el grupo de jóvenes que Dios me permitió liderar, por haber dado clases en el Instituto y a las damas en la escuela dominical, por haber sido secretaria del pastor y por la oportunidad que tuve de predicar muchas veces en el servicio dominical vespertino. Le agradezco por dejarme trabajar con los nuevos creyentes y el equipo de implementación, donde pude realizar algunos eventos evangelisticos. Y le agradezco hoy tener la oportunidad de servirlo en el equipo de supervisión, donde puedo cuidar y dirigir actividades de otros 5 equipos de la iglesia, que me han enseñado, con sencillez, gracia y amor a crecer en mi desempeño.
Amo a Dios con todo mi corazón y amo a la iglesia Camino de Salvación, donde fuí restaurada en varias ocasiones y dónde he aprendido mucho sobre el amor fraternal y la importancia de tenernos unos a otros. Espero poder ser útil en el reino de mi amado Jesús y dar de gracia lo que de gracia he recibido. «Estar quieta y conocer que Él es Dios» Salmo 46:10