Sexo Dios

Explorando las interminables conexiones entre la sexualidad y la espiritualidad.

Rob Bell.

Por Ana Elizabeth Martínez

¿Te alarmó un poco el título? Podría apostar a que al menos te intrigó.

Rob Bell —un escritor, conferencista y pastor estadounidense y protagonista de una serie de cortometrajes espirituales llamados Nooma*— es una de las personalidades cuyo pensamiento y teología han sido duramente criticadas. Por eso no me sorprende la reacción que genera este título.

Sin embargo, y a pesar de las diversas afirmaciones e interpretaciones que expone en esta publicación y que son dignas de un caluroso debate, este libro tocó varias veces mi corazón así como mi entendimiento, y no de manera superflua.

«Sexo Dios» expone a Dios a la luz de la sexualidad humana y la espiritualidad y, contrario a lo que podría pensarse, no solamente abarca temas sobre sexualidad sino que trata de manera integral todas las conexiones que, por su naturaleza holística, implica el ser humano.

Humanidad, imagodei, dignidad, lujuria, sexo, amor, lápiz labial, matrimonio, chuppah, son algunos conceptos o ideas que revelan la versatilidad de este libro.

Quisiera que esta entrada en el blog fuera meramente una recomendación, sin embargo —y debido a que «Sexo Dios» ya no es publicado— te hablaré de algunas de las partes que más me aportaron.

(Solo anoté el número del capítulo y el concepto que aborda, no necesariamente su título. No incluí todos los capítulos, solo los que me parecieron más relevantes.)

1. Humanidad

Este capítulo no solo aborda la dignidad humana desde el punto de vista de evitar ver al otro como un pedazo de carne a devorar, sino también enfatizando que nuestro trato con la gente debe ser según la imagen que Dios puso de él en cada persona —el imagodei—, ya que, al hacer esto, no solo estamos manifestando y confirmando la dignidad divina que Dios puso en ellos sino que la estamos manifestando y confirmando en nosotros mismos.

4. Lujuria

En este capítulo, Bell habla de la lujuria como una manera de querer más, un deseo de tener más; no solamente más sexo, sino también cosas materiales e inmateriales. Y lo lleva a la lógica de Efesios 4.28, que nos reta a cambiar de una acción pecaminosa a una acción bondadosa —y todo lo que estas conllevan.

También habla de apropiarnos de un deseo mayor, que —en mi opinión— debe ser Dios para todo cristiano.

5. Amor

En este capítulo se explica el amor y el amor de Dios desde una perspectiva muy poco convencional —ya que sale de los clichés cristianos— trasladándolo al amor en la modernidad y la manera en la que todos hemos vivido el amor. 

Así entendí el amor de Dios de una manera diferente. Dios quiso mostrar su interés en formar parte de nuestra vida y tener una relación íntima con nosotros, pero no podía hacerlo desde su posición de poder y soberanía, porque eso nos habría dado miedo. Sino que se despojó de todo su poder y se entregó a sí mismo en el acto más sublime de amor: dio su vida por nosotros.

La premisa es que, para Dios, somos alguien por quien vale la pena morir, no solo yo, sino tú y la persona más detestable en el mundo. Y es bajo esa dignidad que debemos filtrar el amor que recibimos.

Por otro lado, me retó a arriesgarme a amar, es decir, ser vulnerable y crear la posibilidad de ser lastimada —de nuevo—, no solo por una pareja, sino por un familiar, un colega o compañero de trabajo e incluso una autoridad. ¿Por qué? Porque Dios lo hizo —en la cruz— y eso hace siempre y cada vez.

6. Sométanse unos a otros

Me encanta este capítulo en el que Bell explica Efesios 5 (a partir del versículo 21) bajo una luz diferente a todo lo que he oído antes.

Él hace énfasis en que, previo al versículo 21, se le habla a la iglesia en Éfeso, es decir, a una comunidad de creyentes, y el v.21 indica que deben someterse unos a otros «por reverencia a Cristo» («en el temor de Dios» en RVR60).

Digo que es una luz contraria a todo lo que me han enseñado porque siempre se ha enseñado que la mujer debe someterse al marido, y no el marido a la mujer.

El siguiente versículo (22) dice: 

Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;

Efesios 5:22 RVR60

Pero lo que nos otorga un matiz diferente es el versículo 25:

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 

Efesios 5:25

Bell argumenta: 

El hecho de que Cristo sea cabeza [Efesios 5.24] proviene de su acto de entrega de su propia persona por la iglesia.

Su sacrificio.

Su entrega.

Su disposición a entregarse por ella.

Su muerte.

Así que al marido se le manda a entregar su vida por su esposa, y a la esposa someterse a su marido; pero a los dos se les ordena someterse el uno al otro porque a todos se les manda someterse a los demás, y todo eso se hace «por reverencia a Cristo» (Efesios 5.21).

Y concluye:

Cuando la gente vive realmente en lo que se llama «sumisión mutua» se pierde de vista la cuestión acerca de quién es el que está a cargo.

En un matrimonio se habla de poder y control sólo cuando algo central se ha derrumbado en dicha relación.

No sé si tú apoyes esa idea. Al principio, el escritor menciona que esta palabra es tan evitada por la carga semántica —es decir, de significado— tan negativa de la que se la ha dotado a través de violencia y abusos. Sin embargo es una orden mutua. La mujer se somete al marido porque él pone sus necesidades bajo las de ella, su bienestar. Jesús rechazó la comodidad de ser Dios para someterse a un sufrimiento que traería bienestar (vida) a su amada (la iglesia y la humanidad). 

7. El Chuppah

Sonaba como a algo erótico, pero es una palabra hebrea que hace referencia a un manto o una tela debajo del cual se constituía el matrimonio. 

Este capítulo es interesante porque explica la cosmovisión hebrea del matrimonio y su reflejo vívido y tan cristalino en la historia de Dios y el pueblo de Israel.  Lo que me lleva a preguntarme por qué nunca nadie me explicó antes que los 10 mandamientos son básicamente un contrato matrimonial donde Dios le pide fidelidad al pueblo y se establecen los acuerdos matrimoniales.

Es hermoso. Dios está enamorado de la humanidad, y quiere una esposa que le sea fiel, entonces le declara su amor y ella acepta. Hacen un contrato matrimonial que ella rompe innumerables veces (léase el libro del profeta Oseas).

Y todo esto viene a desembocar en la reflexión del capítulo 9.

8. Echad

Es el término hebreo que indica ser uno: Dios es echad, así como el hombre y la mujer son uno.

En este capítulo entendí la importancia de la unión matrimonial, pero también familiar, y cómo cuando se lastima a uno, ambos cónyuges o cada integrante de la familia pueden sentirse lastimados. Así como existen pruebas médicas de que un medicamento parece afectar el cuerpo del cónyuge. Es natural, porque somos uno.

El matrimonio no es el fin en sí mismo, sino traer echad a un mundo dividido, con familias quebrantadas, con matrimonios separados, con gente con corazones rotos.

9. Eternidad

En pocas palabras, Rob Bell habla de que si la finalidad del matrimonio es traer unión a un mundo quebrantado por el pecado, ¿qué pasará cuando estemos en la Nueva Jerusalén? Ya no habrá necesidad de casarse ni darse en casamiento. 

Y si el placer en la pareja será suplido por la presencia de Dios, es la misma lógica.

Remarca además las palabras del apóstol Pablo de que la soltería te permite dedicarte a Dios y preocuparte solamente de tu vida dedicada a él, sin embargo el matrimonio exige un cuidado para sí. Sin embargo, si no te es dado el don de la continencia, es mejor casarse que estarse quemando.

Sin embargo, la mejor parte viene al final cuando menciona que, en la cultura hebrea, en la adolescencia se comprometían los enamorados, sin embargo no estaban casados aún porque el marido debía ir a donde sus padres y construir su casa, no sabía cuánto tiempo pasaría, pero debía esperar porque estaba bajo promesa.

Y es cuando se introduce Juan 14.2-4 que todo cobra sentido.

En la casa de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar. Y si me voy a prepararles un lugar, volveré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté.

Juan 14:2-3 NVB

Eso se le decía a la prometida. Quien debía esperar cada noche con su lámpara encendida con aceite, para que cuando el novio volviera para llevarla, él supiera cuál era su alcoba (Mateo 25.1-13).

Espero que esto no sea solo evidente para mí, pero Dios habla que somos su prometida, un día viviremos en esa morada que él ha preparado para nosotros todo este tiempo. Debemos tener presente esta promesa y mantener nuestra lámpara encendida. ¿Qué significa esto? Santifícate, entrega todo lo que tienes y compra aceite —espero escribir otro blog que clarifique esto—, no te quedes con nada. Prepárate porque tu prometido viene, y cada día tarda menos.

Palabras finales

En cuanto a diseño se refiere, «Sexo Dios» tiene una edición gráfica muy cuidada, minimalista y con un increíble manejo de la paleta de color. Además tiene detalles tipográficos que podrían pasar desapercibidos pero que son muy precisos en su implementación, es decir, muy bien pensados.

Desde mi perspectiva, es un libro que vale la pena tener en tu biblioteca.

Este libro más que enseñarme sobre el sexo y la sexualidad, me enseñó una visión de Dios que jamás había visto. Entonces todo cobra sentido. Dios es un amante —celoso (Santiago 4.5)— que me ofrece una vida con él. Tengo el contrato, pero él ha ido a preparar el lugar donde viviremos, ¿lo esperaré en vela con mi lámpara encendida cada noche, o me olvidaré de esta promesa y viviré como si eso nunca hubiera pasado y como si nada va a pasar? 

Él vendrá, lo crea o no, lo espere o no. Él vendrá.

Entra a Youtube y busca Nooma Rob Bell o Nooma subtitulado en español.

Me encantaría leer tu comentario, ¿ya conocías esta perspectiva de la historia del amor de Dios por ti?


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